
¿Cómo la permisología está destruyendo el empleo en la Región de Los Lagos?
Detrás de la preocupante cifra de desempleo del 6,8% revelada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para el trimestre móvil febrero-abril de 2026 en Los Lagos, se esconde una crisis que los gremios productivos venían advirtiendo con fuerza: el impacto directo de la permisología y la falta de certezas jurídicas sobre el mercado laboral.
El salto de 1,3 puntos porcentuales en la desocupación en doce meses no responde a un fenómeno fortuito, sino a un progresivo freno en el motor de la inversión privada, entrampado en extensas tramitaciones burocráticas y normativas que impiden que los proyectos pasen del papel a la contratación real en terreno.
El costo de la burocracia: 7.300 puestos de trabajo destruidos
Cuando las inversiones se congelan a la espera de un permiso, el primer afectado es el trabajador. Las cifras del INE confirman la pérdida neta de 7.371 puestos de trabajo en un año (una caída interanual del 1,8% en la ocupación). Este impacto ha golpeado de manera transversal a sectores clave de la economía regional como la agricultura y la pesca (-10,6%), además de actividades profesionales (-25,5%).
Analistas del sector apuntan a que las trabas administrativas han creado un efecto dominó. Al no concretarse nuevas obras o ampliaciones de faenas por el retraso en las autorizaciones sectoriales y ambientales, la creación de puestos de trabajo de calidad se ha estancado, empujando a más de 5.200 personas adicionales a las filas de la cesantía en solo un año y consolidando una tasa de informalidad laboral que sigue anclada en un preocupante 28%.
La parálisis productiva y el caso de la industria salmonera
Desde el ámbito parlamentario y gremial de la zona, los cuestionamientos hacia el rol regulador del Estado se han intensificado. Representantes productivos señalan que la persistente incertidumbre regulatoria y la aplicación de normativas complejas —como las asociadas a la Ley Lafkenche— actúan como un freno de mano para industrias estratégicas del sur del país, como la salmonicultura, un sector que genera más de 87 mil empleos directos e indirectos.
Para la industria, el diagnóstico es claro: el problema de la región no es la falta de capital ni de interés por invertir, sino los extensos plazos de aprobación y las reglas del juego poco claras. Mientras un proyecto puede tardar años en sortear la permisología estatal, el empleo local sigue pagando los platos rotos.
Frente a este adverso panorama, el llamado de los sectores económicos al Ejecutivo es urgente: se requiere pasar de los discursos de reactivación a una verdadera simplificación y agilización de los permisos sectoriales. Solo otorgando estabilidad y certezas a los inversionistas se podrá destrabar la billetera privada, dinamizar las obras y devolverle a la Región de Los Lagos la capacidad de generar empleo formal, estable y de calidad.