Matías Asún, el activista de Greenpeace que lucra paralizando proyectos de inversión 

Ya no es una interpretación de sus críticos, es su propia confesión. En un registro que circula con fuerza en redes sociales, Matías Asún admite sin filtros que la maquinaria de Greenpeace funciona como un martillo sobre la inversión privada. “Gracias al dinero de nuestros socios, logramos paralizar proyectos”, lanza el activista, dejando claro que el bloqueo económico es su principal producto estrella.

La confesión del “bloqueo”

El video ha caído como una bomba en los gremios empresariales. En él, Asún no habla de diálogos ambientales o de mejorar estándares; habla de resultados de paralización. Esta jactancia confirma que el objetivo final de su organización no es necesariamente un desarrollo sustentable, sino la detención total de iniciativas que generan miles de empleos.

Para el líder de Greenpeace, cada peso que ingresa de sus donantes parece tener un destino claro: financiar la ingeniería jurídica necesaria para que las máquinas no arranquen y los capitales huyan de Chile.

El “negocio” de decir que no

Lo que revela este video es una estructura de incentivos perversa. Si Greenpeace se jacta ante sus socios de paralizar proyectos para seguir recibiendo fondos, ¿qué incentivo tienen para llegar a acuerdos técnicos o soluciones equilibradas?

  • Recaudación por conflicto: La narrativa del “No” es la que más vende en las campañas de captación de socios, creando un círculo vicioso donde el crecimiento de la ONG depende de cuánto daño se le haga a la inversión.

 

  • Impacto en el PIB: Mientras Asún celebra el éxito de su gestión, el país observa cómo proyectos mineros y energéticos se diluyen en tribunales, restándole competitividad a Chile frente a sus vecinos.

 

¿Quién responde por los empleos perdidos?

La frase de Asún es un recordatorio de que el activismo de élite no paga las cuentas de las familias que quedan cesantes cuando un proyecto se cancela. Detrás de cada “logro” de Greenpeace, hay una cadena de valor que se rompe: pequeños proveedores, transportistas y trabajadores locales que ven cómo su futuro se decide en una oficina de Providencia financiada por donantes extranjeros y locales.

Para rematar…

Ver a un líder ambientalista jactarse de frenar la economía es, por lo menos, preocupante. La protección del planeta debe ir de la mano con el progreso humano, no ser el pretexto para un modelo de negocios basado en el sabotaje institucional.